Sherlock

Sherlock & Watson

Resulta evidente que está de moda actualizar personajes, sea por la siempre lucrativa vía del remake o la directa del filón no explotado. Desafortunadamente, en la mayoría de los casos la actualización se limita a convertir el modelo conocido en personaje de videojuego: mínima psicología, mucho bíceps y efectos digitales por doquier. Todos tenemos algún ejemplo en mente. Con el todavía reciente intento de Guy Ritchie por adaptar al sabueso de Baker Street en la memoria, esta oferta de la BBC todavía resulta más estimulante.
  Creada por Mark Gratiss y Steven Moffat, curtidos en la serie Dr. Who y seguidores acérrimos de las novelas de Conan Doyle, Sherlock es una miniserie de tres capítulos de 90 minutos de duración, cuya continuidad ya está confirmada.
  El arranque resulta espectacular: el doctor John Watson, excelente Benedict Cumberbatch, es un veterano de la guerra de Afganistán que pasa por serios apuros económicos y que no tendrá más remedio que buscar a alguien con quien compartir piso en la capital británica. Por un amigo común conocerá a Sherlock, impecable Martin Freeman, un joven brillante y excéntrico, cuya inaudita capacidad deductiva hace que su entorno, e incluso la propia policía para la que trabaja de forma no oficial, le consideren un freak estrambótico. Resulta especialmente lograda la escena en la que el detective estudia el cuerpo de una de las víctimas, y en la que cada uno de sus movimientos es acompañado con un rótulo que indica al espectador qué es lo que acaba de detectar: seco, mojado, nuevo, gastado… Cuando finalmente expone sus averiguaciones, cada uno de ellos cobra sentido.
  Toda la mitología del personaje está presente: Londres, la lupa y el violín, Scotland Yard y el inspector Lestrade, el 221B de Baker Street y la señora Hudson y, evidentemente, su archienemigo Moriarti. Siendo, algunos elementos emblemáticos adaptados de forma ingeniosa: la inseparable pipa deja lugar a los parches de nicotina o los libros del Dr. Watson a un blog. Resulta un verdadero placer ver a Sherlock Holmes, y sus dotes detectivescas, desenvolverse en pleno siglo XXI y valerse de ordenadores, móviles, internet y GPS, para resolver enigmas a la altura de los que su padre literario le proponía. Apuntar que el segundo episodio, «The Blind Banker», precisamente el único que ni han dirigido ni escrito sus creadores, flojea un poco en ese sentido, pero el resto nada tienen que envidiar a los originales.
  Una propuesta imprescindible para todos los incondicionales del personaje y una opción a tener en cuenta por los amantes de las series de calidad.

8 pensamientos en “Sherlock

  1. Alex

    Me parece una pequeña maravilla, la terminé de ver ayer, y se queda uno con ganas de más, la verdad.

    Esta serie me demuestra que no hace falta un gran despliegue de medios para conseguir una serie excelente. Ojalá tomarán ejemplo de los ingleses las cadenas españolas.

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  2. Enric Herce Autor

    Creo que te gustará, Mariko.

    Tienes mucha razón, Alex. La escasez se solventa con talento. Claro que todavía está por ver si existe de lo primero entre los profesionales del sector español.

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  3. Alex

    Yo creo que por falta de talento e ideas entre guionistas y directores no es. Unos castings más rigurosos, porque buenos actores y actrices también hay. El problema es que las cadenas quieren un producto para todos: jóvenes, niños, adultos; con una duración de 70 minutos por capítulo, y así es imposible, hay que seleccionar un poco más y acortar la duración de los episodios, porque si no, no hay quien venda luego esas series en el extranjero.

    Un saludo.

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  4. Enric Herce Autor

    Cierto, la tendencia a contentar a todas las franjas de edad, síndrome Médico de familia, es una tendencia especialmente molesta que destroza cualquier intento de explicar una historia coherente. Pero tampoco hay que olvidar la «interpretación» que de algunos colectivos y generaciones hacen los guionistas nacionales, valga «Física y química» o «Pelotas» por poner dos ejemplos. Y mejor no entrar en horrores de género, porque cosas como Los protegidos o ¿Hay alguien ahí?, claman al cielo. Entre los actores hay de todo, pero sigue habiendo mucho maniquí que justifica la presencia más por cara bonita que por cualidades artísticas. Aunque al final «the public gets what the public wants», que decían los Jam, o sea que si series como «Águila Roja» lo están petando, será que en este país tenemos un gusto peculiar por la ficción, por decirlo finamente.
    Cuando pienso en una serie española reciente que merezca la pena solo me viene a la cabeza Qué vida más triste, de dudosa continuidad, y que no deja de ser un formato de internet adaptado con pocos medios. Supongo que tienes razón, Alex, y el talento está ahí, pero la incapacidad para convertirlo en productos decentes es flagrante.

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  5. Alex

    Pues es la pescadilla que se muerde la cola, si no nos dan nada mejor de lo que hay, nos acostumbramos y damos por bueno lo que tenemos. Que queremos seguir con las rocas de cartón-piedra de Águila Roja, pues venga. Solo hay que compararla con los Tudor (por decir un ejemplo de la misma cadena), como el agua y el vino.

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