Déjame entrar

bufé libre

Sus padres estaban de fin de semana, así que la adolescente invitó al vampiro a colarse en su alcoba con lujuria mal contenida. Como buena lectora de la Meyer suspiraba por todo lo que la velada iba a ofrecerle: besos, caricias y sensibilidad a lo Candy Candy; combinación de hipermercado que le dejó el tanga más húmedo que una bolsita de té. Quiso la taimada fatalidad que el guapo mozalbete comulgara con la escuela Bram Stoker: para tranquilidad de vecinos y paseantes ocasionales los gritos de la niña se confundieron con los del matadero colindante.

6 pensamientos en “Déjame entrar

  1. Miguel aka El Pendenciero

    Muy bueno, si señor. Me ha encantado el detalle del tanga….. Ya esta bien de cursiladas y moñoñeces, los vampiros son lo que son y punto. Por cierto, tengo en mente un relato de vampiros desde hace cosa de una semana, a ver si acabo la mudanza y lo escribo. Saludos.

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